Premio Periodismo de Excelencia

Juan Andrés Guzmán:

“A mí lo que me motiva es entender”

Los reporteos en los que se involucra marcan el pulso de Chile. Juan Andrés Guzmán ha participado en trabajos que han develado, por ejemplo, los secretos tras la red de poder de Fernando Karadima, el mecanismo de las grandes fortunas chilenas para evadir impuestos usando empresas zombis, y las distintas rutas del lucro en la educación. También retrató con maestría las consecuencias humanas del terremoto y tsunami que afectó a Chile en 2010 en la crónica “La Ola Maldita”. Desde el extranjero y mientras se desempeña en el medio de investigación Tercera Dosis, el tres veces ganador del PPE Escrito cuenta qué lo sostiene en el periodismo con tesón y porfía.

Por Camila Olivares

Dice que reporteando el tsunami de 2010 en la Isla Orrego para la revista Paula descubrió al Dios de los periodistas. Y que meterse a desenmascarar las empresas zombis de Sebastián Piñera para Ciper lo hizo perder el pelo, porque no sólo fue complejo levantar información que estaba bajo siete llaves, sino que además la investigación no generó –a su juicio– el impacto que le habría gustado. Mal que mal, el protagonista se convirtió en Presidente de Chile en dos oportunidades.

A pesar de todo, Juan Andrés Guzmán no baja los brazos. Lo moviliza entender las raíces de las problemáticas sociales del país, y desde el extranjero –donde vive y está haciendo un doctorado- se organiza con las periodistas Alejandra Matus y Marcela Ramos para darle cuerpo al nuevo medio de comunicación que fundaron durante 2022: Tercera Dosis.

“Queremos ir más allá de la investigación que hasta ahora ha estado emparentada con la policía y los tribunales, y dar cuenta de fenómenos sociales que no necesariamente son ilegales. Hay que explicarlos de otra manera y queremos que tenga humor. Estamos avanzando hacia tener una voz”, cuenta Guzmán, ex director de The Clinic, ex editor de Ciper y ganador del PPE Escrito en tres oportunidades: 2010, 2012 y 2017.

En esta entrevista que otorgó desde su residencia en Glasgow, Escocia, el periodista hace un repaso por varios de sus trabajos destacados por el PPE.

—La crónica “La ola maldita” es, a estas alturas, un documento histórico. Pocos textos son capaces de retratar tan bien el impacto que tuvo el tsunami del 27-F. ¿Cómo se enteró de la embarcación (El Pinita) y de qué forma llegó a sus tripulantes para reconstruir la tragedia que asoló a la Isla Orrego?

—Yo andaba con unos periodistas de The Clinic. Arrendamos una camioneta al día siguiente del terremoto y fuimos juntos a reportear el punto. Creo que en ese momento estaba trabajando para el Miami Herald y a ellos les habían pedido una crónica sobre el terremoto. Llegamos a Constitución y el periodista Claudio Pizarro me mencionó que había una isla en donde había quedado gente atrapada y eso me quedó dando vueltas. Después volví a la zona por la revista Paula y empecé a trabajar en esa historia, no solo en esa primera isla sino en unas islas más atrás. Hay una versión más larga que tiene lo que pasó en otra isla. Lo que pasó es que no entró en esa edición porque ¡el espacio, el maldito espacio!, no lo permitió.

“La carga de hacer esa historia (la del tsunami de 2010) fue super fuerte. A mí me enseñó que existe el Dios de los periodistas. Aprendí que si tú buscas y buscas, lo vas a encontrar. Dios te va a premiar y te va a poner a la fuente que estás buscando. En esa ocasión, yo estaba buscando a los tres niños que habían sobrevivido a la ola estando dentro de la isla y a quienes los rescató un helicóptero a la mañana.

—¿Y cómo fue reconstruir un hecho tan catastrófico que marcó la historia de un país?

—Fue durísimo porque había que hacer las preguntas de las que la gente se ríe hoy día en las redes sociales. Es decir, de cuando los periodistas vamos y le preguntamos al que se acaba de caer: “¿Qué le pasó?”. Bueno, eso es lo que había que hacer acá también. Esa era la forma de entrar, no se podía ser mucho más sofisticado cuando es eso precisamente lo que quieres saber: cómo estuvo a punto de morir y qué pasaba por su cabeza en ese momento. La carga de hacer esa historia fue super fuerte. A mí me enseñó varias cosas sobre reporteo, me enseñó que existe el Dios de los periodistas.

—¿En qué sentido?

—Aprendí que si tú buscas y buscas, lo vas a encontrar. Dios te va a premiar y te va a poner a la fuente a la que estás buscando. En esa ocasión, yo estaba buscando a los tres niños que habían sobrevivido a la ola estando dentro de la isla y a quienes los rescató un helicóptero a la mañana siguiente. Los únicos que podían contar esa parte de la historia eran estos tres muchachos que se subieron a los árboles y sobrevivieron, pero no había ningún rastro de ellos. Entonces, la pregunta es: ¿cómo los encontré?

—¿Gracias a Dios?

—Recorrí toda la ciudad, de un lado a otro, preguntando por ellos. Una de las preguntas que yo le hacía a todas mis fuentes testimoniales era: “¿Usted escuchó de estos tres chicos…?” Y en la vez número mil que lo pregunté alguien me oyó y resultó ser pariente de ellos. Por eso digo que hay un Dios de los periodistas: es la chance, la oportunidad, la probabilidad. En el fondo, esa es la enseñanza para mí.

—Cuando investigó las empresas zombis que compró el ex Presidente Sebastián Piñera para ahorrarse impuestos, usted era editor en Ciper. ¿Qué importancia tuvo ese medio para usted?

—He tenido la suerte de estar en medios que no pagan bien pero que están en la movida. Ciper era uno de esos y también The Clinic. No me importa. Estuve en el Clinic cuando había que estar y en un momento en el que el humor era una herramienta súper potente para una sociedad que no quería enfrentarse a sus problemas. Hay un momento de quiebre, sin embargo, que creo que es en 2011: ya no bastaba con reírse. Creo que fue entonces cuando, por distintos motivos, terminé en Ciper, que era una mucho mejor respuesta a una sociedad que estaba buscando cambios. Comprender estos mecanismos era super complejo, solo se podía hacer bajo la estrategia de Ciper que era meterse.

—En cuanto a meterse en las empresas zombis de Piñera, ¿fue difícil tener acceso a la información?

—Sí, por supuesto, fue muy difícil obtener la información y luego entenderla, y después hacer un relato más o menos comprensible que diera cuenta de ella. Fue uno de los trabajos que más me sacó pelo. Antes de las empresas zombis no me faltaba tanto pelo.

—¿Sufrió algún tipo de amenazas?

—Los abogados estaban muy enojados, por el tipo de pregunta excesiva, y cuando un abogado importante está enojado es como: ¡wow!, ¿qué va a pasar? Pero no, amenaza propiamente tal, no… por suerte.

“Fue muy difícil obtener y entender la información (sobre las empresas zombis que Piñera compró para ahorrar impuestos). Y luego hacer un relato más o menos comprensible. Fue uno de los trabajos que más me sacó pelo. Los abogados estaban muy enojados, por el tipo de pregunta excesiva, y cuando un abogado importante está enojado es como: ¡wow!, ¿qué va a pasar?”

—¿Cuál es la relevancia que le da a que este tipo de casos salgan a la luz?

—Creo que tienen sentido cuando uno publica y algo pasa. No son artículos que se satisfacen en la belleza de la escritura, que quedan ahí para la posteridad. Cuando tú hablas del Sename algo tiene que pasar para que esa violencia y esa brutalidad termine [junto a la periodista Daniela Mohor, Guzmán ganó el PPE en 2003 por el reportaje “Cárcel de Puente Alto: Un campo de concentración para niños”, publicado en la extinta Revista Siete+7]. Ahí es donde encaja este periodismo que a mí me motiva todavía. Ahora, ese periodismo falla no solamente porque a veces no tienen los datos ni la evidencia, también falla cuando no hay un sistema político que reaccione. A mí lo que me interesa es la justicia diaria de los chilenos, hay una necesidad.

—¿Qué ocurrió luego de la publicación de esa investigación sobre Piñera en particular? ¿Qué impacto tuvo?

— No tuvo ningún efecto porque Piñera, a pesar de eso, salió presidente. Es esperable que un tema tan complejo como la elusión no sea tan trascendente para servir de cuestionamiento para un candidato presidencial, pero yo creo que la elusión es un problema de fondo en la sociedad chilena, es el triunfo de los pillos. Muchos de los problemas políticos que tenemos hoy en día tienen que ver con gente que no cumple y con la que no se puede llegar a acuerdos de fondo porque no hay honestidad en esas relaciones. A eso apunta el tema de la elusión.

—Al menos, el reportaje sentó precedentes y fue reconocido como ejemplo de buen periodismo con el PPE.

—Sí. Fuimos premiados y para el ego esto hace súper bien porque te ayuda a trabajar con un poco menos de desgaste. Yo siempre lo pensé como algo más bien estratégico, como que te da más fichas para seguir apostando en nuevos partidos. Si no lo hubiera ganado, en todo caso, seguiría haciendo cosas. A mí lo que me motiva es entender. Me demoro, pero me produce alegría entender.

“El reportaje no tuvo ningún efecto y es esperable que un tema así no sea tan trascendente para servir de cuestionamiento para un candidato presidencial, pero la elusión es un problema de fondo en la sociedad chilena, es el triunfo de los pillos. Muchos de los problemas políticos que tenemos hoy en día tienen que ver con gente que no cumple y con la que no se puede llegar a acuerdos de fondo porque no hay honestidad en esas relaciones”.

—¿Cuál es su visión del periodismo que se hace actualmente en Chile?

—Hay medios como Piensa Prensa o Interferencia o lo que nosotros estamos haciendo en Tercera Dosis con Alejandra Matus y Marcela Ramos, que creo que van en la línea correcta, pero dada la falta de recursos tienen mucho ripio. Y creo que los que están bien financiados, la tele por ejemplo, no están haciendo un aporte a la democracia. Falta reflexión sobre una democracia en la que todos nos sintamos seguros.

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